Reseña Biográfica
Carlos Páez Vilaró nació en Montevideo, Uruguay, el 1 de noviembre de 1923. El contacto permanente con las actividades desarrolladas por sus padres entre libros, arte, arquitectura, decoración o las creaciones más diversas, se integraron naturalmente al proceso de su niñez.
Marcado por una fuerte vocación artística partió en su juventud a Bs As. Tomó como fuentes de inspiración el tango, los bares y cabarets,donde solía dibujar a la noche en sus mesas. A fines de la década del 40, regresó a Montevideo y al descubrir el folklore uruguayo, se vio motivado por el tema del candombe y la comparsa. Se vinculó estrechamente a la vida del conventillo “Mediomundo”.
En la década del 50 conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder en sus talleres.
Ese peregrinaje europeo inicial, el contacto con la pintura, los museos y los artistas, le dieron el impulso para regresar a su país.
A su regreso a Uruguay en 1969, continuó las obras de Casapueblo, modelada con sus propias manos y con la ayuda de los pescadores.
Ubicada en Punta Ballena. El artista definió a Casapueblo como
su barco quieto, trampolín para partir y al que siempre regresó. Su baúl para almacenar recuerdos, su escultura habitable.
El 13 de octubre de 1972 se vio vinculado a una historia muy alejada del arte. El avión en el que viajaba su hijo desapareció en la Cordillera de los Andes. En retribución a la solidaridad recibida por el pueblo chileno, pintó un mural en el hospital de Santiago, sumando así una obra más a su campaña del color para el dolor.
A partir del año 1970, vivió alternadamente en EEUU, Brasil y Uruguay. Luego instaló su taller en Bs As, donde vivió catorce años. Durante este lapso canalizó su inagotable capacidad creativa en esculturas, ediciones literarias, y múltiples series de pinturas. También se dedicó a la cerámica y música.
Fue pionero en integrar la pintura tanto a objetos de la vida cotidiana como a aviones, patrulleros, colectivos y barcos. Tal es el caso del velero- escuela “Capitán Miranda”, que lleva el sol de Páez Vilaró en sus velas.
Una de sus preocupaciones fue poner su pintura al alcance del pueblo, realizando murales en aeropuertos, hoteles, edificios públicos y hospitales. Como el mural que realizó en Washington D.C. en el año 1960, en el túnel de la Organización de Estados Americanos. La obra de 160 metros de extensión fue considerada en su momento como la más larga del mundo y fue denominado “Raíces de la Paz”. En él plasmó escenas referidas a la integración social, cultural y económica de los países de América, haciendo hincapié en el respeto a la libertad de expresión, de culto y de ideales.
Carlos Páez Vilaró pintó hasta el último día de su vida. Falleció en Casapueblo, el 24 de febrero de 2014. Dejó en sus obras un legado valioso para toda la humanidad, lleno de energía, color y amor por la vida.
